domingo, julio 27, 2008

Aura

Si, sigo vivo. Vivo, luego de mi primer semestre en la U.

Vivo (o muerto) escribí esto, a continuación

Parte del control final de un ramo de mi carrera

Intertexto de la novela de igual nombre, de Carlos Fuentes

Si han leido la novela, el juego narrativo les será mucho más interesante





Retumban sus pasos en la escalera. Es extraño sentir que nuestro aire se envicia con un nuevo aliento. Luego de tanta espera, la soledad se acostumbra a percibir solo dos existencias; la tuya y la mía. Ten paciencia, faltan pocos segundos para que ocurra ese momento que tanto hemos deseado. Si, llegó la hora de enfrentarnos, que los astros se hayan conjugado permitiendo que hoy te conozca. Será para ti tan extraño, siendo que no has conocido a otro. Esa sensación, el placer de sentirse amada y deseada, pertenece a una esfera de sensaciones inefables, que solo puedes vivir una vez en la vida. Y llegó tu momento. Tú mantente tranquila. En la oscuridad de esa esquina de mi habitación. No digas nada hasta que el comience a dudar si acepta el empleo. Cuando lo haga, acércate repentinamente a mi lado. Eso bastará para alejar todas sus dudas.

Si, querida, escucha como ese hálito vital penetra nuestros adentros, como el vigor desborda sus poros hambrientos de deseo. Solo con mirarte a los ojos quedará hipnotizado por tu belleza, esa que trasciende el tiempo finito. No podrá sacarte de su mente, serás como un murmullo etéreo que no lo abandonará. Yo te diré todo lo que tienes que hacer. Todo a su tiempo. Tranquila. Ya se acerca. Vete.

Cuando estas en silencio temo que no existas. Tu presencia parece envanecerse en la disputa diaria entre tu piel de luna frente al oxigeno que te aprisiona, fuerte. Es tan pequeño el límite entre tu existencia y la mía. A veces te siento prisionera de mis temores. No, por favor, no te sometas a mis caprichos de anciana, decrépita, recluida en estas sabanas que me aprisionan. Es tu momento de vivir, de conocer esas experiencias que marcarán toda tu vida. De despertar el deseo, dejarlo fluir como las olas del mar que penetran la arena virgen. Tu belleza es capaz de seducir a cualquier hombre. La vitalidad de tus pechos despierta el ardor de las pasiones más profundas. Tú eres mujer fecunda, tu organismo espera el momento de ser receptáculo de una nueva vida. Sentir el placer de parir, ese dolor que imagino cada noche cuando el insomnio me domina, cuando mis pechos quedan manchados de sangre al intentar que de ellos brote blanca ambrosía. Si, soy una vieja maldita, estéril y yerma, muerta en vida. Mis entrañas son tierra seca y agreste. Cuantos días la idea de tener un hijo fueron el motivo de mi existencia. Cuantas hierbas he probado, cuantas velas a la virgen santísima he prendido, para que como ella, el espíritu santo me elija a mí, su fiel devota. Cuantas plegarias, cuanto dolor, cuanto llanto, cuantos momentos, cuantas noches. Y sigo aquí. Postrada en esta cama que me carcome. Mis adentros secos me devoran. En esas noches en que siento…

olores putrefactos. Sangre negra brota desde mi vagina. Recibo trozos, de carne muerta. Una pequeña mano. Irrumpo en llanto.

- Voy al grano. No me quedan muchos años por delante, y por ello he preferido violar la costumbre de toda una vida y colocar ese anuncio en el periódico.

- Sí, por eso estoy aquí.

- Entonces acepta.

- Bueno, desearía saber algo más…

- Naturalmente. Es usted curioso. Le ofrezco cuatro mil pesos.

- Si, eso dice el aviso de hoy

- A, entonces ya salió

- Sí, ya salió.

- Se trata de los papeles de mi marido, el general Llorente. Deben ser ordenados antes de que muera. Deben ser publicados. Lo he decidido hacer poco.

- Y el propio general, no se encuentra capacitado para…

- Murió hace sesenta años, señor. Son sus memorias inconclusas. Deben ser completadas. Antes de que yo muera.

- Pero…

- Yo le informaré de todo. Usted aprenderá a redactar en el estilo de mi esposo. Le bastará ordenar y leer los papeles para sentirse fascinado por esa prosa, por esa transparencia, esa, esa…

- Sí, comprendo.

- Entonces se quedará usted. Su cuarto está arriba. Allí si entra la luz.

- Quizás, señora, sería mejor que no la importunara. Yo puedo seguir viviendo donde siempre y revisar los papeles desde mi propia casa.

- Mis condiciones son que viva aquí. No queda mucho tiempo.

- No sé…

- Aura…

Sí, es el momento; acércate muchacha. Ven, eso, toma mi mano. Camina suavemente, cuenta los segundos exactos que él necesita para admirar tu belleza. Ese paso sigiloso, ese cabello negro, largo…

Me decía una y otra vez que su amor debía bastar, que sus besos, su sexo, eran suficientes para llenar este vacío que siento. Pero él hace muchos años me ha dejado, y mírame, mira que soy una vieja maldita, estéril y yerma, muerta en vida.

Muy bien, mi querida Aura. Ese leve contacto de tu piel con la suya, provocó una descarga eléctrica en sus sentidos. Lo invadirá un placer que nunca ha conocido, liberará el deseo que él también lleva reprimido. Esta noche, visítalo en su habitación. No temas, solo déjate llevar por la seducción de su piel, de su cuerpo masculino, diferente al tuyo. Bésalo en la oscuridad y el te guiará, sé victima de sus caricias, del placer hecho carne; te tomará por tu cintura, pero antes que corrompa tu cuerpo virgen, sal de su habitación; el se rendirá al cansancio y se quedará dormido. No recordará como terminó todo.

- ¿Trae usted la llave?.

- Sí… Creo que sí. Sí, Aquí está.

- Puede leer el segundo folio. En el mismo lugar, con la cinta azul.

Ya se ha ido, acércate Aura. Ha sacado del arcón el segundo grupo de escritos de mi difunto marido. Nos queda poco tiempo. Recuerda que nunca he podido mantenerte conmigo por mucho tiempo. Esta noche será su segundo encuentro. ¿Lo citaste a tu habitación esta noche? Muy bien. Esta vez el deberá sentir un cambio. Debe descubrir en ti a una mujer, ya no a una niña frágil y tímida. Toma la iniciativa, bésalo. Irrumpe en su cuerpo, recorre sus lugares prohibidos, despierta en él deseo de sentirse expuesto a ti, a tus caricias, a tu cuerpo; invítalo a jugar, mantenlo a raya, que no hable. Domina su fuerza con tu pasión y quedará postrado a tus designios. Anoche, la santísima virgen María escucho mis deseos y yo escuché su voz. Ella desea que le entregues tu cuerpo a Felipe. Tu virginidad. Tu ser. Pero no lo harás de cualquier manera. Lo harás en nombre de nuestro señor Jesucristo. Del mismo modo que él lo hizo, en su última cena. Primero lavarás sus pies, los limpiarás de toda mancha, como signo de tu entrega total y completa. Luego, partirás este pan, sin levadura, este trozo de harina delgada, lo partirás en la mitad y se lo ofrecerás; tal como nuestro señor Jesucristo entregó su cuerpo y fue muerto; tu le entregaras tu cuerpo virgen, serás al altar donde se consumarán sus deseos más intensos y animales; abre tus piernas y recibe su carnalidad. Subordinarán toda lógica y serán movidos por una sensación atemporal. Hazle prometer que te amará por siempre. Que deseará tu piel de luna a pesar que tu belleza perezca, a pesar de que tus pechos caigan, tus arrugas cubran tu piel perfecta. Hazle jurar que nada los separará, ni el tiempo, ni la vejez, ni la perdida de tu belleza....

- No… no me toques… Acuéstate a mi lado…

- Aura… te amo.

- Sí, me amas. Me amarás siempre, dijiste ayer…

- Te amaré por siempre. No puedo vivir sin tus besos, sin tu cuerpo…

- Bésame el rostro, solo el rostro.

Pero él trasgredió la petición. Avanzó, buscando besos y un cuerpo lozano y bello, pero no fue eso con lo que se encontró. Luna, maldita luna, madre antigua, por un orificio en el techo, revelaste mi pelo blanco, mi piel estéril, yerma. Y sus ojos abiertos buscando respuestas inexistentes. Y mi mundo de oscuridad develado. Yo, mujer maldita, estéril y yerma, muerta en vida es todo que lo tengo… y tu ausencia Aura… vuelve.

2 conurbaciones:

José dijo...

wow!
realmente increíble! la lectura me atrapó, en verdad es irresistible
muy bueno =)

rodrigo, un abrazo.
Jose.

anto... dijo...

te agregué a mis favoritos no sabía que tenías blog maldito
cuando termine con carrasco ¬¬ me pasó por aquí.