jueves, diciembre 11, 2008

espera


Me miras así un poco. De pronto. De repente y devuelta te devuelvo otra mirada diferente más tosca pero nítida como esa que tu redevuelves con tus ojitos pequeños.
Mira como sopla el viento a través de las hojas, como cada una siente en sus fibras la dulzura del atardecer que despide un día agitadamente calmo, en-ti-en-mi, en el tiempo que fluye suave como ola de atardecer. Como nuestro atardecer.
Me miras y parece que tu pupila se expande infinitamente en los arreboles en las flores que huelen sin cortar, en las hojas que dejan filtrar el aire entre sus danzas quejumbrosas. Si, ese sonido me ataca paulatinamente y no puedo evitar mirarte. Esos tic-tac de su existencia pequeña que nos inunda. Esa monotonía grácil que nos deslinda de la hamaca en la que nosotros también danzamos.
Me miras y el tiempo vaga sin rumbo porque hemos roto su brújula y ya no sabe que nosotros dominamos su existencia remota y así yace, perdido entre unos planetas extraños; nos reímos, mira las hojas del viento como ya se vencen a esa sensación de libertad, así nosotros también cerramos los ojos y nos dejamos flotar por el viento del crepúsculo de esa tarde que nos transporta a planetas inimaginados donde el tiempo busca su destino.
Tus palabras salen como murmullos porque ese silencio ha secado tu garganta, porque quien domina la auralidad etérea de ese atardecer, es el quejido de las hojas. Es la tarde, es la luz que se filtra a través de las hojas que ahora descansan en su baile eterno que tuvo fin, no como nosotros que seguimos sumergidos, esta vez en la luz de las aguas favorables que nos sonríen, y confluimos en corales magenta donde parecemos volar, si, en el agua volamos. Las hojas cansadas echadas sobre sus lomos nos miran porque parecemos felices allí en esos corales desde la profundidad de nuestros vientos. De esos soplos sutilmente perfectos, esos que las nubes imitan en sus apareamientos espontáneos. Allí entre corales de hojas danzantes, de zumbidos y danzas, yacemos hasta que el sueño nos venza…



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viernes, octubre 10, 2008

Puente

Mis ojos te buscan. En algún lugar. Un poco de noche, o de madrugada, porque hace frío; así lo creo. Levanto las solapas de mi abrigo. Papeles de colores por el suelo. Crujientes bostezos esos que tostados con mantequilla saben tan rico. El tren, si. Tus labios bermejos. Un cigarro alargado, una boquilla oscura que lo afirma delicadamente. Un abrigo negro que cubre ese vestido magenta que adoro. Miras desde el balcón como las llanuras yermas nos despiden. Nunca pudiste hacer círculos con el humo que exhalas con esa parsimonia que me hace imaginarnos mirando las estrellas en las faldas de un cerro con el cielo cargado de pueriles luces que brotan dejando a su paso estelas que a la distancia parecen platinadas, allí cuando veo el humo que se mezcla con el magenta, nos imagino, yo abrazado a ti con un frío que hiela el vaivén de la hacama que hace tantos años atrás dejamos en su constante danza acompasada por esos colibríes  hambrientos que intentamos casi en vano fotografiar. El humo magenta me lo recuerda. Los carriles avanzan con una rapidez abismante. Intento detener el tiempo para besar esos labios que miro a través de un haz de luz que se fuga del yugo de las persianas verdecubista que cubren las ventanas del movimiento hacia nuestro nuevo destino. Mi cuerpo tirita, pero no de frío, sino de esa anagnórisis, esa verdad que despierta  por  nuestros vientos. Las estelas desambigüan el infinito universo oscuro y reímos nerviosamente asombrados de lo maravilloso que significa participar en ese rito llamado noche estrellada, esa que nos hace imaginar un futuro donde tus labios bermejos se conjuguen con un vestido magenta prisionero de un abrigo negro atado a mis abrazos mixtura noche madrugada para decirte entre círculos de humo que aprendiste alguna vez a hacer, que te amo. 

domingo, julio 27, 2008

Aura

Si, sigo vivo. Vivo, luego de mi primer semestre en la U.

Vivo (o muerto) escribí esto, a continuación

Parte del control final de un ramo de mi carrera

Intertexto de la novela de igual nombre, de Carlos Fuentes

Si han leido la novela, el juego narrativo les será mucho más interesante





Retumban sus pasos en la escalera. Es extraño sentir que nuestro aire se envicia con un nuevo aliento. Luego de tanta espera, la soledad se acostumbra a percibir solo dos existencias; la tuya y la mía. Ten paciencia, faltan pocos segundos para que ocurra ese momento que tanto hemos deseado. Si, llegó la hora de enfrentarnos, que los astros se hayan conjugado permitiendo que hoy te conozca. Será para ti tan extraño, siendo que no has conocido a otro. Esa sensación, el placer de sentirse amada y deseada, pertenece a una esfera de sensaciones inefables, que solo puedes vivir una vez en la vida. Y llegó tu momento. Tú mantente tranquila. En la oscuridad de esa esquina de mi habitación. No digas nada hasta que el comience a dudar si acepta el empleo. Cuando lo haga, acércate repentinamente a mi lado. Eso bastará para alejar todas sus dudas.

Si, querida, escucha como ese hálito vital penetra nuestros adentros, como el vigor desborda sus poros hambrientos de deseo. Solo con mirarte a los ojos quedará hipnotizado por tu belleza, esa que trasciende el tiempo finito. No podrá sacarte de su mente, serás como un murmullo etéreo que no lo abandonará. Yo te diré todo lo que tienes que hacer. Todo a su tiempo. Tranquila. Ya se acerca. Vete.

Cuando estas en silencio temo que no existas. Tu presencia parece envanecerse en la disputa diaria entre tu piel de luna frente al oxigeno que te aprisiona, fuerte. Es tan pequeño el límite entre tu existencia y la mía. A veces te siento prisionera de mis temores. No, por favor, no te sometas a mis caprichos de anciana, decrépita, recluida en estas sabanas que me aprisionan. Es tu momento de vivir, de conocer esas experiencias que marcarán toda tu vida. De despertar el deseo, dejarlo fluir como las olas del mar que penetran la arena virgen. Tu belleza es capaz de seducir a cualquier hombre. La vitalidad de tus pechos despierta el ardor de las pasiones más profundas. Tú eres mujer fecunda, tu organismo espera el momento de ser receptáculo de una nueva vida. Sentir el placer de parir, ese dolor que imagino cada noche cuando el insomnio me domina, cuando mis pechos quedan manchados de sangre al intentar que de ellos brote blanca ambrosía. Si, soy una vieja maldita, estéril y yerma, muerta en vida. Mis entrañas son tierra seca y agreste. Cuantos días la idea de tener un hijo fueron el motivo de mi existencia. Cuantas hierbas he probado, cuantas velas a la virgen santísima he prendido, para que como ella, el espíritu santo me elija a mí, su fiel devota. Cuantas plegarias, cuanto dolor, cuanto llanto, cuantos momentos, cuantas noches. Y sigo aquí. Postrada en esta cama que me carcome. Mis adentros secos me devoran. En esas noches en que siento…

olores putrefactos. Sangre negra brota desde mi vagina. Recibo trozos, de carne muerta. Una pequeña mano. Irrumpo en llanto.

- Voy al grano. No me quedan muchos años por delante, y por ello he preferido violar la costumbre de toda una vida y colocar ese anuncio en el periódico.

- Sí, por eso estoy aquí.

- Entonces acepta.

- Bueno, desearía saber algo más…

- Naturalmente. Es usted curioso. Le ofrezco cuatro mil pesos.

- Si, eso dice el aviso de hoy

- A, entonces ya salió

- Sí, ya salió.

- Se trata de los papeles de mi marido, el general Llorente. Deben ser ordenados antes de que muera. Deben ser publicados. Lo he decidido hacer poco.

- Y el propio general, no se encuentra capacitado para…

- Murió hace sesenta años, señor. Son sus memorias inconclusas. Deben ser completadas. Antes de que yo muera.

- Pero…

- Yo le informaré de todo. Usted aprenderá a redactar en el estilo de mi esposo. Le bastará ordenar y leer los papeles para sentirse fascinado por esa prosa, por esa transparencia, esa, esa…

- Sí, comprendo.

- Entonces se quedará usted. Su cuarto está arriba. Allí si entra la luz.

- Quizás, señora, sería mejor que no la importunara. Yo puedo seguir viviendo donde siempre y revisar los papeles desde mi propia casa.

- Mis condiciones son que viva aquí. No queda mucho tiempo.

- No sé…

- Aura…

Sí, es el momento; acércate muchacha. Ven, eso, toma mi mano. Camina suavemente, cuenta los segundos exactos que él necesita para admirar tu belleza. Ese paso sigiloso, ese cabello negro, largo…

Me decía una y otra vez que su amor debía bastar, que sus besos, su sexo, eran suficientes para llenar este vacío que siento. Pero él hace muchos años me ha dejado, y mírame, mira que soy una vieja maldita, estéril y yerma, muerta en vida.

Muy bien, mi querida Aura. Ese leve contacto de tu piel con la suya, provocó una descarga eléctrica en sus sentidos. Lo invadirá un placer que nunca ha conocido, liberará el deseo que él también lleva reprimido. Esta noche, visítalo en su habitación. No temas, solo déjate llevar por la seducción de su piel, de su cuerpo masculino, diferente al tuyo. Bésalo en la oscuridad y el te guiará, sé victima de sus caricias, del placer hecho carne; te tomará por tu cintura, pero antes que corrompa tu cuerpo virgen, sal de su habitación; el se rendirá al cansancio y se quedará dormido. No recordará como terminó todo.

- ¿Trae usted la llave?.

- Sí… Creo que sí. Sí, Aquí está.

- Puede leer el segundo folio. En el mismo lugar, con la cinta azul.

Ya se ha ido, acércate Aura. Ha sacado del arcón el segundo grupo de escritos de mi difunto marido. Nos queda poco tiempo. Recuerda que nunca he podido mantenerte conmigo por mucho tiempo. Esta noche será su segundo encuentro. ¿Lo citaste a tu habitación esta noche? Muy bien. Esta vez el deberá sentir un cambio. Debe descubrir en ti a una mujer, ya no a una niña frágil y tímida. Toma la iniciativa, bésalo. Irrumpe en su cuerpo, recorre sus lugares prohibidos, despierta en él deseo de sentirse expuesto a ti, a tus caricias, a tu cuerpo; invítalo a jugar, mantenlo a raya, que no hable. Domina su fuerza con tu pasión y quedará postrado a tus designios. Anoche, la santísima virgen María escucho mis deseos y yo escuché su voz. Ella desea que le entregues tu cuerpo a Felipe. Tu virginidad. Tu ser. Pero no lo harás de cualquier manera. Lo harás en nombre de nuestro señor Jesucristo. Del mismo modo que él lo hizo, en su última cena. Primero lavarás sus pies, los limpiarás de toda mancha, como signo de tu entrega total y completa. Luego, partirás este pan, sin levadura, este trozo de harina delgada, lo partirás en la mitad y se lo ofrecerás; tal como nuestro señor Jesucristo entregó su cuerpo y fue muerto; tu le entregaras tu cuerpo virgen, serás al altar donde se consumarán sus deseos más intensos y animales; abre tus piernas y recibe su carnalidad. Subordinarán toda lógica y serán movidos por una sensación atemporal. Hazle prometer que te amará por siempre. Que deseará tu piel de luna a pesar que tu belleza perezca, a pesar de que tus pechos caigan, tus arrugas cubran tu piel perfecta. Hazle jurar que nada los separará, ni el tiempo, ni la vejez, ni la perdida de tu belleza....

- No… no me toques… Acuéstate a mi lado…

- Aura… te amo.

- Sí, me amas. Me amarás siempre, dijiste ayer…

- Te amaré por siempre. No puedo vivir sin tus besos, sin tu cuerpo…

- Bésame el rostro, solo el rostro.

Pero él trasgredió la petición. Avanzó, buscando besos y un cuerpo lozano y bello, pero no fue eso con lo que se encontró. Luna, maldita luna, madre antigua, por un orificio en el techo, revelaste mi pelo blanco, mi piel estéril, yerma. Y sus ojos abiertos buscando respuestas inexistentes. Y mi mundo de oscuridad develado. Yo, mujer maldita, estéril y yerma, muerta en vida es todo que lo tengo… y tu ausencia Aura… vuelve.

jueves, diciembre 06, 2007

cálida y grácil



En sueños la atmósfera nos une dulce
Calida y grácil
Te veo
Calida y grácil
Junto a mí


Despierto. Lento.


Mis latidos son espectadores
De la angustia cínica que invade mis arterias
Dosificando alquitrán de temores.
Al primer suspiro, aliento de vida
El pasado trepa la muralla de mis deseos
Y ahoga los brotes fértiles
Contamina mis alvéolos de recelo
Quema de dolores, de culpas pútridas
Los rincones nuevos
Ciega los caminos de esperanza
Agota las nuevas raíces
Que se arraigan en una tierra yerma,
maldita donde los caminos condenan
y grito, me ahogo
huelo a muerte
los buitres rodean la esperanza que agoniza
su piel ya no brilla
y muere.

Silencio.






Quiero cerrar mis ojos
Porque solo en sueños
Estamos juntos
en una atmósfera...





jueves, noviembre 01, 2007

[bl-sfemo]

Tengo ganas de escupir en la inocencia de los espejos rotos de blasfemias sostenidas en el tiempo. Quiero olvidar que pertenezco a un ciclo roto y amanecer prendido a la veganza eterna del sopor del aliento de invierno; eso si que me tranquiliza como un anhelo eterno de no ausencia de estupidez. Blasfemia

Asi lo creo y no miento porque la falacia mas grande es la existencia en atisbos de expresiones ridiculas- nimias de la ridiculez-nimia que significa pensar que el dolor y de la soledad dolorosa dolida no tiene sentido, ni cura, ni sentido, ni cura.


No mientas. Te lo pido como un recurso de la dignidad forjada por la identidad temporal de mi existencia. Porque tengo ganas de orinar. Eso me dice que tienes que hacerlo, porque eso es lo unico que me mantiene vivo, mi vejiga enchida tranvìa de transcursos torrentes; de licores amargos no deprimentes, momentaneas rafagas de morfina gélida, geLIDA, GELIDA como los dedos sucios de mis lamentos de las risas agonicas del sufrimiento.

Colillas de cigarrillos colman la autoespera del silencio. Como esperando las espera. Rearder en fuegos perennes verdes azules de colores infinitos. no siento mis dedos.

Me mantiene vivo la espreanza enviodiosa de verlos muertos, de vencer y vanagloriarme de sus lamentos. Orinar de lagrimas tus derrotas para hacerlas mas duraderas. Vomitar sobre las colillas de cigarros que se dejaron luego de la hecatombe.

Asi como las letras del teclado te dominan te corrompe peleandose para que las elijas lento y eterno y el sonido molesto, ese tic-tac
tic-tac
tic-tac
tic-tac
tic
tic
tic
tac
tac


molesto?




La palabra es una ala de fuego. El hielo tiene una mitad de silencio

y las letras se extinguen lentamnt y dsapcn







y lo unico que acompaña el pensamiento reflejo es




el
s
i
l
e
n
c
i
o






y
a

p
e
r
d
i
s
t
e
t
u
t
u
r
n
o
tus emociones caducarnon en su fecha de vencimiento
reclamale al sernac de los sentimientos, si enojado estafado deberias estar
idenminación mereces por la estafa sufrida si estafa sufrida
¡Pobre sufriente! T
e

com
pa
dez
co


Compasiòn es orgullo es egoismo es fruto del narcismo etereo
e
t
e
r
e
o

de tus malditos sentimientos



El frio congela mis neuronas
el potasio se agota
y ellas sufren
pidiendo no màààs
gritaaaaaaaaaaaaaaaAAAAAAAaaaaaaando .mudas. al silencio
la detenciòn del .t. i. e. m. p. o.

gritando solemnes dignidades dignas de piedad
Si, piedad
p
i
e
d
-
d

y- no tiene pied-d

mis jugos intestinales piden hormigas carnivoras, y dulces
de miradas amorosas, que amorosas!
que te odien hasta el amanecer de los besos putrefactos
de caricias mendigas
m
-
n
d
i
g
a
s

remueve las hojas del arbusto de la vida
para encontrar la savia que te de energia
como estrellas fugaces que rompen el silencio
orgullosas con sus colaaaaaaaaaaas ardieeeeeeeeeeentes
pavorosas con su espiiriitu enardeciido
venenosas por conquiistar terrenos nuevos


colores
mentiras
frio
c-l-res
m-ntiras
fr-o

domingo, abril 22, 2007

Feliz día, Tierra!


La tierra esta viva. Sufre la intolerancia del hombre y de la mujer que no la respeta.

La dulce tierra gime, se siente sola y triste. Ve como pierde cada día brazos, piernas, se siente mutilada. Ya no puede ver porque toxicas nubes grises la nublan. Ya no puede oler la dulzura de sus flores porque inventos humanos ya no les permiten crecer. Ya no puede escuchar el canto de los pájaros, porque las maquinas humanas la ensordecen. Ya no puede respirar, porque le han talado sus pulmones. Ya no puede satisfacer su sed, porque han manchado sus aguas….

Así celebramos tu día tierra…

lunes, marzo 19, 2007

Triste

Es triste cuando vuelves al comienzo, donde pensabas que el túnel no tiene conexión con otros, que estas destinado a recorrer las mismas lugubres paredes, llenas de moho, de un aire viciado, casi fúnebre, donde las sonrisas se derriten y las ilusiones se rompen, donde los sueños se vuelven oscuros y terminan siendo pesadillas irónicas de los tiempos felices; donde la esperanza se vuelve un anhelo cómico, transparente, sin forma, donde la piel pierde suavidad y se vuelve tosca, agria, desagradable; donde la soledad carcome las entrañas como gusanos de manzanas podridas que se acumulan en callejones oscuros de ciudades fantasmas; donde solos escuchas sonidos lejanos, vacios, tristes, donde las miradas que recibes desde las ventanas se deforman y dan pánico, los espacios de silencio se vuelven agónicos; ni la conciencia te responde, donde no miras más alla de tu nariz; y de pronto ves luces que deslumbran, pierdes la capacidad de apreciar donde estas, pierdes el sentido, caminas como un vagabundo, sin rumbo, sin norte, sin sur, sin barreras, ni deseos, ni metas.

Es triste cuando sientes que lo superado vuelve a ser un obstáculo, miras hacia adelante, hacia atrás, hacia todos lados, miras, escuchas, hueles, y tocas... nada.